Encomiendas

Me encontré con sus ojos y en ellos con la mirada que le lanzaste la última vez;
quise los detalles, entonces hurgué hasta la incomodidad, de ella.
Robé la idea más reciente que la luz y su cristalino se hicieron de ti.
Me hice a una copia de tus párpados cerrados al tiempo que te dabas vuelta.
Me impregné del aliento que expulsaste al hablarle,
entró por mis fosas nasales y atravesó mi chacra corazón para alojarse en el plexo solar.
Le arrojé un par de palabras en su iris gris (o azul),
le expliqué que te las entregara,
se anclaron y se despidieron.
Luego bajó la mirada y me aclaró que no habría acuse de recibo.
La reconocí por sus piernas gruesas y blancas,
el anillo en su dedo corazón,
y el tatuaje en el dorso de su muñeca derecha.

Octubre de 2016 - Desde el Campanario de Brujas, en dirección a París.


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