De la soledad y otras cosas que no comprendo
Dai.
![]() |
| 5° C de soledad en Buenos Aires. |
La RAE dice que la soledad es la carencia voluntaria de compañía, pero también que es pesar y melancolía que se sienten por la ausencia o pérdida de alguien. Las dos caras de una misma moneda. Y tiene sentido, a menudo nos jactamos y lamentamos al tiempo de la soledad. O nos jactamos pero en el fondo sabemos que por lo menos, no queremos envejecer solos.
![]() |
| San Telmo. |
La primera vez que decididamente hice algo sola, fue en el 2013. Ese año me estaba reponiendo de un doble duelo; había terminado con el papá de mi hija y la relación inmediatamente siguiente que emprendí resultó ser la oportunidad de cosechar todo el mal karma que había sembrado en mi vida.
Llegué a Buenos Aires (Argentina) un sábado de otoño a las 6 de la mañana y por un doble accidente entre un aeropuerto y otro, me hallaba en el Ezeiza sin pesos ni dólares y con la única tarjeta de crédito que traía conmigo, bloqueada. Nadie esperaba con mi nombre impreso en un cartel y en aquella ciudad no se me ocurría a quien llamar en caso tal de que me animara a pedir una llamada gratis. Entré en pánico. Eché de menos esa especie de cross-checking (el de los aviones) que se da naturalmente cuando viajamos con otro, cuando vivimos con otro, cuando miramos al otro, la validación cruzada de la cotidianidad en compañía.
A mi me gusta, en teoría, la vida de a dos, o de a tres, o de a más. Y en la práctica, también me gusta la vida de a uno. Una habitación propia para ir en busca del Yo soy, de la elaboración del Uno mismo.
¿Leíste esta frase alguna vez?: ''y cuando en las mañanas nadie te despierta, y cuando en las noches nadie te espera y cuando puedes hacer lo que quieras. ¿Cómo le llamas a eso, libertad o soledad?'' y entonces pienso que son las dos y que las dos están bien, que no son lo uno o lo otro, que son lo uno y lo otro. Ser libre para en la soledad preguntarme a mi y a nadie más "¿qué quiero hacer?", "¿a dónde quiero ir?", "¿por cuánto tiempo?". Y luego entonces y gracias a la soledad, el contraste. Como el blanco y el negro, las presencias en mi vida, la tuya, la de mi hija, la de los amantes, la de las manos y las voces y los rostros y las almas que cerquita se acarician, se escuchan, se miran y se sienten mejor.
"Los humanos somos una especie exquisitamente social: prosperamos al tener buena compañía y sufrimos en aislamiento. Más que cualquier otra cosa, nuestras relaciones íntimas —o su falta— moldean y definen nuestras vidas."*. Eso publicó alguien en el New York Times, y yo estoy de acuerdo parcialmente, y sobre todo en la parte de nuestra exquisitez social. A mi por ejemplo el otro me activa, me saca del contexto finito al que inevitablemente pertenezco, me refleja, me da pistas, coordenadas y es conmigo. Yo soy decididamente social.
La soledad simplemente está ahí, en una suerte de menú. ¿Te ha pasado que el cuerpo te pide carne o verduras o frutas o dulce o sal?. A mi me pasa y me pasa parecido con la soledad, a veces la mente y el espíritu la aclaman a gritos y en otras me resulta empalagosa y hostigante.
Es como si la soledad se ondeara con sobrades y en otras ocasiones se padeciera como condena, intrínseca a los extremos, al drama del todo o el nada y no una simple opción.
A mi me gusta, en teoría, la vida de a dos, o de a tres, o de a más. Y en la práctica, también me gusta la vida de a uno. Una habitación propia para ir en busca del Yo soy, de la elaboración del Uno mismo.
![]() |
| Una habitación propia en Córdoba. |
¿Leíste esta frase alguna vez?: ''y cuando en las mañanas nadie te despierta, y cuando en las noches nadie te espera y cuando puedes hacer lo que quieras. ¿Cómo le llamas a eso, libertad o soledad?'' y entonces pienso que son las dos y que las dos están bien, que no son lo uno o lo otro, que son lo uno y lo otro. Ser libre para en la soledad preguntarme a mi y a nadie más "¿qué quiero hacer?", "¿a dónde quiero ir?", "¿por cuánto tiempo?". Y luego entonces y gracias a la soledad, el contraste. Como el blanco y el negro, las presencias en mi vida, la tuya, la de mi hija, la de los amantes, la de las manos y las voces y los rostros y las almas que cerquita se acarician, se escuchan, se miran y se sienten mejor.
"Los humanos somos una especie exquisitamente social: prosperamos al tener buena compañía y sufrimos en aislamiento. Más que cualquier otra cosa, nuestras relaciones íntimas —o su falta— moldean y definen nuestras vidas."*. Eso publicó alguien en el New York Times, y yo estoy de acuerdo parcialmente, y sobre todo en la parte de nuestra exquisitez social. A mi por ejemplo el otro me activa, me saca del contexto finito al que inevitablemente pertenezco, me refleja, me da pistas, coordenadas y es conmigo. Yo soy decididamente social.
![]() |
| La soledad de tu tiempo y el mío - Córdoba. |
Autor desconocido.
“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”.
“Porque la soledad le había seleccionado los recuerdos, y había incinerado los entorpecedores montones de basura nostálgica que la vida había acumulado en su corazón, y había purificado, magnificado y eternizado los otros, los más amargos”.
Cien años de soledad - Gabriel García Marquez
María.







Comentarios
Publicar un comentario