Crisálidas

Un acumulado en la garganta. 
En la frente y en el pecho. 
De qué te hablo si lo que sé es listar. 
Te digo esto que hay. 
Ahora tu puedes unirlo y entonces construir la historia, 
la tuya propia, la mía, la que te inventas de mi invento. 

¿Te he hablado de las distancias, 
de los días soleados que me enceguecen?. 
¿Del pecho abierto, jodidamente abierto 
con la esperanza de llegar al nivel que debe?. 

El debe que se estrelló en algún momento 
contra mis muchas voluntades.
El debe que a cambio me hala, me exhibe
y me quita el pellejo de paso.
¿Quiénes son los otros?.
Acá está el cuerpo en carne viva.

Pero entonces alzo la vista agotada 
el pelo reventado, los fluidos mezclados, 
agua-sangre, tanto allí, la vida misma
aglutinada en las venas y que bombea ese de adentro, 
el que no discute. La otra que se desliza 
sin complacencias ni reparos del destino, 
por la derecha o por la izquierda, lo mismo da.
Los mocos también se unieron al caldo pegajoso. 

No sé si me veo a mi misma, 
o a mi proyección o si en realidad sí son otros.
O con suerte todo es un sueño. 
¡Bah!, suerte y desgracia lo mismo dan.
Siempre, siempre fue así porque así debe ser. 
Son otros cuerpos tendidos, arrastrados, 
algunos ya no sienten, se acostumbraron al estrujón, 
al asfalto áspero, rechinante y viscoso. 

Y entones me miro y me siento otra vez a-lugar, 
sin derecho, caprichosa, berrinchosa. 
Y recuerdo cómo con pies, manos y garganta 
soltaba las palmas que me sujetaban hace tantos años
y me pregunto en donde quedó aquella furia. 
Allá donde se debía quedar.

No puedo decirte qué clase de demonio es este,
no sé decirte si es líquido o sólido, no huele, 
no se sostiene, me mira con tristeza, con lástima, con súplica. 
¿Qué hacemos con él? ¿le queremos? ¿le hacemos un espacio? 
¿le sentamos cerca para que nos asuste de vez en cuando?.

Tal vez algún día le halle definición y te lo cuente. 
O tu lo halles y me lo cuentes. 

¿Te dije que no sé hablar? 
Que lo mío es oler, respirar, suspirar 
y con los pies al ancho de los hombros
¿también gritar?. 

Te escribo lo que no puedo pintar, 
lo que no puedo cantar. 
Porque si pudiera entonces mejor
te lo tocaría, te lo bailaría, te lo actuaría. 
O tal vez te haría todo al tiempo. 
Y en ese caso te diga más claro, 
que la mierda se niega a salir, eso es todo. 

Vale, encenderé un cigarrillo y te hablaré en inglés.


Comentarios

Entradas populares