Treinta. Thirty. Trente. Trenta. Triginta.
Coleccionando placeres y días, llegué al número 30. El mismo número que son mis años. El número de ocasiones en las que me he pasado por los mismos puntos de la elipse que dibujo con la Tierra al rededor del sol. El número mágico que me acompaña en estos 365 días. El que me da un indicio de vida y de muerte al tiempo, de pasado y de futuro, de hechos y sueños. Mucho gusto, para servirle, tengo treiiinnnta. Thirty. Trente. Trenta. Triginta. Cuando cumplí 29 me propuse escribir 30 entradas en un blog que estaba lleno de telarañas, que era más un diario y que escondía con todas mis credenciales por miedo al desnudo. Sería una especie de estrujón, una forma de aclarar la garganta, la oportunidad de bucear hacia el Yo soy, de olvidar el qué dirán y de escuchar mi corazón y mis dedos. Ese día me traje arrastrado a este espacio mi desparpajo para existir en otros. Las entradas no estuvieron completas el 2 de noviembre, en un año en el que como otros atrás, la confianza andaba escondida debajo de la cama junto con los miedos que había acumulado en lugares en los que no me reconocía. El 27 de diciembre solté las lianas, me abofeteé un par de veces, me di respiración boca a boca, me traje de nuevo a la vida y reinicié el contador. En mi segunda oportunidad me cumplí como en los buenos tiempos y la entrada número 30, es para celebrarlo. Felices treinta años, seis meses y 21 días. Gonzalo Arango escribió en la presentación de Viaje a Pie sobre Fernando González: "A través de la palabra se confiesa, se comprende, se realiza como ser humano". Porque así es La palabra; sin pretensión, sin expectativa, como una necesidad, como un vicio, como una adicción. La palabra que inevitablemente lo atraviesa a uno.



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