La mujer del animal

Es difícil ver La Mujer del Animal y no decir nada. Pero también es difícil decir algo. Se le acaban un poco las palabras a uno de notar que una historia sucedida en los setentas-ochentas, sigue siendo vigente. Varias ciudades en paralelo, la incluida y la que no, ciudades en las que nos desconocemos y preferimos no transversalizar. De un lado por la desidia. Del otro, por una suerte de condena perpetuada por la incapacidad de un Estado. 

Es necesario que de vez en cuando nos restrieguen la realidad así, a dos manos en la cara y duro, que se nos entre en los ojos y nos irrite, a ver si en una de esas no nos aguantamos la vergüenza de no poder hacer más que llorar en la comodidad de las sillas del teatro.









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