Día uno - 12 de octubre


Seguro duermes en los brazos de tu padre, tu abuela o tu prima. Yo mientras tanto me alejo un poco más de ti, en el espacio, en el tiempo, en busca de un amanecer que más tarde te iluminará a ti.

Todo ha ido bien salvo por los dolores en las extremidades que me ha provocado este viaje de diez horas en una silla hecha para pequeños como tú. Me despierto cada tanto con dolor en las rodillas, en las piernas, las pantorrillas y hasta en las manos. Debo confesarte que han sido un poco decepcionantes las condiciones, pero no es mucho lo que se puede pedir por el precio que pagué. Solo espero que un coágulo no trunque mis expectativas con el viejo continente.

Seleccioné un asiento al lado de la ventana (ahora lo lamento un poco). No me desprendo de la inmadurez residual de la infancia de querer mirar hacia afuera, de descubrir lo que hay allí, pero a 11887 mts. de altura no es mucho lo que se podría ver, incluso si fuera de día. Sin embargo, me aferro a la posibilidad de descubrir antes que todos, el amanecer prematuro que viene hacia mí.

Ya conoces mi alma antigua, así que no te extrañará saber que se me da muy bien eso de hablar con mayores. Hice ya un par de amigos. Y como en esta trigésima vuelta al sol las preguntas me ladran con con mayor terquedad, me resolví responder por qué esa extraña manía mía de hallar complicidad en ellos en contraste a en los más jóvenes.

A couchsurfing no paran de llegar ofrecimientos, en un solo día aseguré hospedaje en Praga y Amsterdam. ¿No te parece grandiosa la habilidad que tiene la humanidad de salir al encuentro del otro?. Alex, mi host de Barcelona, me ha hecho un par de preguntas que me complicaron un poco. Me preguntó "¿Quién eres tu en tu grupo de amigas?". ¿No es una muy dulce manera de intimar con la persona que estará en su casa por un par de días?. Aún no le contesto, creo que ni a mi misma lo hice ya.

Sigo más cerca de ti que de Madrid, hace poco sobrevolamos las Islas Vírgenes Británicas, ahora vamos sobre la nada o sobre el todo bajo el océano Atlántico. Todavía me aguardan más de cinco horas en esta lata comprimida que maravillaría a Da Vinci y a los hermanos Wright. ¡Cómo han cambiado las cosas!, vieras el gentío que le cabe a esta vaina.

Mientras me lleno de expectativas con el Park Güell, la Sagrada Familia y los bien parecidos españoles, me alejo de tí, aunque mi alma tenga menos intenciones de hacerlo, con amor.

Tu mamá.




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