Radiografía
Ahora tengo 29, pronto serán 30. Aún no me pesan los años. ¿Qué son los años?. Me pregunto cuándo me pesarán y qué tanto me pesarán. Me impresiona eso sí la velocidad de este viaje. La vida, su clemencia, su inclemencia, su astuta forma de darnos opciones y de dejarnos fluir en estas, lo complicada, lo sencilla.
Cada cosa es mas o menos como la imaginaba. A veces me siento en la ruta y muchas otras por fuera. Siento que mi lógica decae y me hago enmarañadamente incoherente, eso no es bueno para quien vive de los algoritmos. No soy capaz de ver una foto de hace muchos años sin que un taco en la garganta empiece a gestarse, ¿será que así pesan los años?.
He empezado a ponerle más cuidado a este cuerpo que me sirve de medio en el infinito placer de existir. Intento comer mejor, intento hacer ejercicio con juicio e intento darle el reposo que merece. Ya sé que es muy tibio eso de intentar.
Un buen amigo me dijo que ya estoy como Benjamin Button porque en estos lejanos casi 30 se me ha dado por los piercings y los tatuajes, ¡cómo han cambiado las cosas! hay que ver la ilusión que me hacen. Espero que no sigamos con la yerba (no offense).
Me gusta mirar a Ana, detenerme cuando baila, cuando habla, cuando me mira, cuando ata cabos. Me veo en ella y me pregunto cómo era esta niña a su edad. Esta niña que envejeció tan pronto, porque la verdad sea dicha, mi alma es por mucho mayor que mi cuerpo, siempre fui tan seria, tan lineal, tan ¡mala clase!, tan aburrida y tan vieja.
Sin duda, la última década fue la más intensa, la vida cambió con brusquedad, algunos murieron aunque vivan cada tanto en mi nostalgia. Ana nació y yo con ella como madre. La celulitis y las estrías colonizaron mi cuerpo. La nalga se cayó. La soledad/independencia se acentuó. En realidad hoy me siento más rodeada que nunca, tengo verdaderos amigos —amigas sobre todo— pero al final cuando tienes que mudar de piel o por el contrario te embriaga un ridículo éxtasis y sentimiento de gratitud, al final sos solo vos y la vida. Soy solo yo y la vida.
Esta no es cualquier vuelta al sol, es la número 30. 30 años que parecen 10. ¡Ay! que diera yo por siquiera otros 30 o 40 para amar, para sentir, para volar. Otros tantos en la piel, menos seria, menos lineal, menos aburrida y menos vieja... no sé si menos mala clase. Otros tantos para ensayar, para actuar, para decir la verdad. Para perderme en Ana, en el viento, en las historias y en un par de brazos (fuertes).



Que nota...
ResponderEliminarMe dieron ganas de intentar hacer un escrito así. Aunque me falta casi un año para los treinta.
ResponderEliminar"Ya sé que es muy tibio eso de intentar" lo he aprendido con los años, me estoy esforzando por intentar menos y hacer más.
Un abrazo! Daniel Bedoya (el de Sistemas)
Después de un año me paso por acá. ¿Si lo intentaste?. ¡Un abrazo!
EliminarMuy ciertoo! buen escrito :D
ResponderEliminar