Flash-back
No sé cuánto tiempo he dormido, tal vez diez horas o más. Parece que todos se han ido, aunque sé que no para siempre. Estas paredes blancas no me incomodan, me las sé de memoria, hacen juego con mi enmarañado cabello de negra recien levantado y las pitanas pegajosas post-somnus. Me pregunto en qué parte de la casa estarán.
La casa va de calle a calle. En la parte superior hay una sala llena de cuadros (Don Manuel es fotógrafo amateur), cuadros grandes y pequeños rodean ese salón de un caliente insoportable, la vida en familia y en solitario retratada. Al costado hay una alcoba que es la antesala de otra habitación. Detras del salón caliente está el cuarto de fotografías de Don Manuel, ese es su santuario, ay del muchachito que entre y haga daños. El cuarto de fotografía limita con un segundo salón menos caliente, allí está el comedor, contiguo a la cocina y dos habitaciones generosas.
La parte trasera es mi favorita. Hay mucha tierra, pantano, marraneras, galpones, un guamo alto, cocoteras y un tanque de agua. En una mecedora está Astrid. No entiendo porqué nunca se levanta, siempre está sentada moviendo sus manos y pronunciando palabras que no entiendo, tiene la mirada perdida, tal vez porque sabe que cuando me mira, me descompensa, me abruma, y no logro corresponder su amor. Sé que algo pasó, pero aún no me han dicho qué.
Al fín los he encontrado. Astrid no está sola. Está todo por hacer. Servir la aguamasa, lavar las sábanas, poner el fogón de leña. Además cuidar a la niña que ha venido de visita.
Hoy es un día especialmente caliente y no sé qué me adormece más, si la temperatura rechinante en el eternit, el sonido blanco del ventilador o el vaivén de la mecedora de Astrid. Es un cóctel en su punto para que yo no pueda pasar del medio día invicta.
Los hombres sólo están en la noche. Excepto por el tío José que suele estar siempre conmigo. Hoy estuvimos "echando" el agua. Caminamos entre
árboles, senderos a medio abrir, bichos ruidosos y matas que pican. Llegamos a un
nacimiento con tubos incrustados. Allí estaban las hojas obstruyendo el
paso del agua, el tubo estaba lamoso pero bien fijado. Limpiamos el paso del agua y no sin antes darnos un buen chapuzón, retomamos el camino. Ahora sé porqué en la casa de la abuela siempre hay que dejar que fluya el agua.
Algo inusual pasa en la casa. Las mujeres y los hombres van y vienen. Dicen que no tengo edad para saberlo, ellos creen que no escucho. Las mujeres están llorando sin consuelo. Ya es de noche y la casa no está completa. José me ha susurrado que Antonio ya nunca volverá.
Algo inusual pasa en la casa. Las mujeres y los hombres van y vienen. Dicen que no tengo edad para saberlo, ellos creen que no escucho. Las mujeres están llorando sin consuelo. Ya es de noche y la casa no está completa. José me ha susurrado que Antonio ya nunca volverá.


Te transporta al sitio. Me encanta la descripción de los espacios. Casi puede sentirse el clima caluroso al leer este texto. Quiero saber más de éste texto y de su autora.
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